Creo, que por lo tanto Es

Y entonces la pregunta más grande de todas: ¿hay un Dios? Creer en sillas es fácil – podemos verlas y tocarlas y por lo tanto “sabemos” que están ahí. Pero creer en Dios no es así porque no lo vemos – solo vemos los indicadores de Su presencia. Pero ¿cuáles son estas indicaciones, cómo podemos detectarlas, y que tan convincentes son? 

Un vaso y el universo

Una línea de evidencia es pensar acerca del universo y de donde pudo haber venido. 1Por muchos siglos e incluso milenios era común creer que el universo era eterno y entonces no tenía un origen que debía ser explicado. Con nuevos descubrimientos – muchos en los últimos cien años – los científicos ahora reconocen casi universalmente que el universo tuvo un comienzo (a la luz de esto, es bastante interesante que la primera frase en hebreo de la Biblia sea “en el principio”). Cuando pensamos en este principio no es solo cuestión de dónde vinieron las “cosas” – la materia y la energía de las cuales el universo está hecho; es también acerca del “¿por qué?” de el – por qué debería haber algo en absoluto (en lugar de nada). Podría haber también la pregunta “¿quién?” – ¿hay un agente o una fuerza detrás del universo que se requiere para hacerla realidad?

Estas preguntas son enteramente legítimas y corresponden exactamente al tipo de preguntas que hacemos sobre temas más simples con los que nos cruzamos en la vida diaria. Un vaso de agua en la mesa junto a nosotros, por ejemplo, puede ser explicado no solo en términos de su composición atómica pero también en términos de quién lo hizo, por qué lo debieron haber hecho y por qué alguien lo habría puesto junto a nosotros. Lo que nadie aceptaría (yo creo) es que el vaso de agua “solo sucedió”, “salió de la nada” o simplemente “está ahí sin ninguna razón”; es casi seguro que hay una buena razón para ello, en términos de dónde vino, el quién y el por qué.

Si ahora todo esto hace sentido en términos de un vaso de agua, ¿qué pasaría si aplicamos la misma pregunta al universo? Podríamos preguntar de dónde vino y podríamos preguntar ambos en términos de las cosas que lo conforman (¿de dónde vinieron la materia y la energía que lo conforman?), y en términos del agente detrás de el (quién o qué causó que existiera). También podríamos preguntar acerca de la razón detrás de su existencia, el “por el bien de qué” está aquí.

Si no aceptamos que el vaso de agua “solo sucedió”, “vino de la nada” o simplemente está ahí “sin razón alguna” ¿por qué aceptaríamos eso mismo acerca del universo que está tan lleno de cosas que tienen causas y razones de este tipo? 

Causa y efecto

La mera disciplina de la ciencia parte de la base de que podemos trabajar en reversa de efectos a causas, que podemos preguntar de las cosas que, nosotros, nuestro planeta, o incluso el universo están hechos y después podemos trabajar atrás a través del tiempo a etapas más tempranas que explican la etapa presente. Pero no importa que tan atrás vayamos a través de esas líneas no llegaremos a ningún lado realmente con la pregunta más grande de como y por qué hay algo en absoluto. ¿De dónde la materia, la energía, el espacio e incluso el tiempo mismo salieron? Para eso necesitamos ir más allá de la materia y más allá de la naturaleza (hacer algo sobrenatural, en otras palabras, lo que empieza a sonar a Dios). En algún punto necesitamos algo fuera de la materia para explicar la materia porque la materia no puede causarse a si misma. 2De hecho, el universo mismo tuvo un comienzo. Esto quiere decir que el universo mismo tuvo necesitó de una causa fuera de el mismo para existir porque no puede traerse a la existencia el mismo.

Julie Andrews resumió esto bastante bien en La Novicia Rebelde: “Nada viene de la nada, no sería posible”. Realmente es tan simple y lógico como eso. No podemos explicar la materia por la materia o la naturaleza por la naturaleza, espacio por espacio o tiempo por tiempo; lo que necesitamos para causar el universo es una causa sobrenatural – algo actuando fuera de la naturaleza, más allá del espacio y el tiempo y sea capaz de provocar las condiciones para que tome forma.

Algunos proponen que esta fuerza sea una fuerza impersonal más que un Dios personal, pero no tenemos absolutamente ninguna indicación de lo que esa fuerza pueda ser, por que habría de existir y por qué habría actuado. 3A veces se piensa que las leyes mismas de la naturaleza necesitan del universo para existir – que el universo es una consecuencia inevitable de su existencia. Pero esto solo recorre la pregunta un paso más atrás: ¿de dónde habrán salido esas leyes, si en efecto tienen dicho poder? Las leyes no se inventan a si mismas; necesitas un hacedor de leyes, (una inteligencia racional) para explicar la existencia de estas leyes si son más racionales que al azar o caóticas. Las leyes de la naturaleza no pueden explicar suficientemente la existencia de la naturaleza de la misma manera en que las leyes del ajedrez no explican la existencia del ajedrez – necesitas a una persona y el concepto de mente si quieres explicar el ajedrez, y pareciera que es igual para el universo. Necesitamos algo fuera del sistema y probablemente algo más allá de una fuerza impersonal, para causar y explicar el comienzo de nuestro increíble universo. Necesitamos algo del tipo de una mente sobrenatural.  

La decisión

Pienso en ello de esta manera. Esencialmente tenemos una decisión. Una opción es que tenemos un mundo – en toda su increíble extensión, complicación, belleza y complejidad – que se produjo por una oportunidad increíblemente improbable: sin razón aparente, sin causa, por nadie y para nadie. Bajo este esquema, la única explicación a la que tenemos acceso son explicaciones materiales (explicaciones fundamentadas en la materia), y causas naturales; no hay nada inmaterial, nada fuera de la naturaleza a lo que recurramos que pueda explicar como el mundo pudiera haberse creado. Si ese es el caso, entonces todo el orden mundial, belleza y aparente diseño no significan nada; el universo es una fluctuación al azar en el infinito, así como todas nuestras vidas – no hay causa, no hay significado, ni propósito. Es todo azar y sin sentido. Esa esa una opción. 

La alternativa es que hay algo fuera de la naturaleza – algo sobrenatural que ha causado que la naturaleza, e incluso el tiempo y el espacio y el espacio mismo existan. Fascinantemente el Dios que conocemos en la Biblia es del tipo de causa no causada, la Mente necesaria más allá de lo material, el inamovible movedor más allá del tiempo y el espacio, que necesita rendir cuentas del “problema” del universo. 

1 Otro enfoque sería considerar si hay evidencia de la actividad de Dios en la historia humana. Los creyentes apuntan a ejemplos como la evidencia de la resurrección de Jesús, o el logro de las mismas profecías específicas de la Biblia en la historia subsecuente constituyendo un argumento muy convincente. Por supuesto que hay mucha evidencia apoyando la afirmación de la Biblia de ser un libro sobrenatural, lo que por supuesto implica la existencia de algún tipo de poder superior o Dios (ver Apéndice 1 – página 130)
De otra forma terminamos en un infinito regreso. Tampoco vale nada que aquello que no existe no tiene el poder de traer cualquier otra cosa a la existencia. 
3 Un argumento más teórico es que una fuerza impersonal hubiera actuado infinitamente hace mucho tiempo y por el proceso de entropía todos hubiéramos, correspondientemente, desaparecido infinitamente hace mucho tiempo mientras que el sol de quemaba a si mismo.
Capítulo anterior: Capítulo 3 - ¿Por qué Tenemos Nostalgia? 

Continúa leyendo: Capítulo 5 – El Universo: ¿Cómo se Creó?
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